La muerte de un Rey

“El rey ha muerto. Larga vida al rey”

¿Qué se sentirá dejar la silla presidencial? ¿Qué pasa por la mente de Felipe Calderón, a quien le quedan tan sólo unas horas para dejar su cargo?

Dice Luis Spota  que el primer día de la vida de un expresidente es el más vulnerable, el más sólo, el más ingrato y el más silencioso de su existencia. El día que nace un expresidente es el primer día de luto del resto de la vida de alguien que algún día fue alguien. Ese primer día, el personaje se convierte en un recuerdo, en la perfecta presa del canibalismo político y de la naturaleza humana que en algún momento lo levantó, lo ennobleció y lo glorificó.

¿Cómo se sintió Pinochet al entregar el poder del país que gobernó durante 17 años como resultado un procedimiento que veía como “mero trámite”?

La película “NO” de Gael García, cuenta el diseño de la campaña de comunicación de los partidos en contra de la relección de Augusto Pinochet. La historia se centra en la campaña que, apelando a un discurso centrado en la alegría y la esperanza, logra obtener el apoyo de la mayoría del electorado Chileno en 1989 (56% de los votos) y así derrocar democráticamente a un régimen que –de acuerdo con el filme- sabía ganada la elección y la veía como un mero ejercicio de legitimación internacional.

En una de las escenas finales de la película, el soberano entrega finalmente el poder frente al congreso de su país para tras casi dos décadas en el poder. Al día siguiente de dejar su cargo, el General ocupó su puesto como senador vitalicio, premio de consolación que recibió gracias a una reforma que él mismo había realizado.  Sin embargo, ya nada fue igual, ya no era aquel intocable represor y fue recibido por pancartas, manifestaciones y máscaras de calaveras. El resto de su vida tuvo una participación marginal en el poder legislativo y en la vida política de su país.

Enrique XVIII dijo que “Un rey debe siempre morir de pie”. Este viernes a media noche muere un soberano para dar paso a la vida sexenal de su sucesor. Este hombre que alcanzó la cima del poder en nuestro país –aiga sido como aiga sido- debe dar el paso final hacia precipicio para ser recordado por la historia y olvidado por los demás.

Qué difícil debe ser ponerse de pie de espaldas a aquella silla. Ir al evento de entrega de la banda presidencial debe ser como ir a tu propio funeral. El gobernante saliente ya tuvo la suerte de “romperse una pierna” y le falta terminar de desmoronarse, ahora que ya no puede caminar… El show debe continuar.

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