Como si fuéramos amigos…


Hola Enrique,

Perdón por evitar el protocolo, pero no puedo ser sincero si no te hablo de tú. Prometo que lo hago con respeto y que cuando estemos en público te llamaré Señor Presidente o como prefieras. Durante los siguientes seis años seguramente escribiré mucho sobre ti y tus acciones. Hoy no. Hoy te escribo como si fuéramos amigos.

Para mi, independientemente de tus aciertos y fracasos anteriores, empezamos de cero. La situación del país no permite rencores, cuentas pendientes ni aversiones. Te sugiero que hagas lo mismo con tus opositores. Ya vivimos un conflicto poselectoral que duró seis años y me cuesta encontrar algo que haya valido la pena de esa pugna. Escucha a tus detractores. Estoy seguro que, aunque no concuerdes con muchas de sus pensamientos, en ellos encontrarás grandes ideas.

También deberías hacer borrón y cuenta nueva con tus colaboradores. Sé que en política la lealtad es un bien escaso y muy valioso, pero ninguna amistad vale poner en riesgo el futuro de nuestro país. Piénsalo: ya no te estás jugando tu siguiente puesto, si no los adjetivos que acompañarán a tu nombre en la historia.

Vayamos al grano: a muchos les preocupa tu cercanía con algunos de los personajes más poderosos de este país. Yo sé que tener una relación cordial con ellos es parte de ser presidente. Sin embargo, lo que a mi me agobia es que pienses que el país que ellos te describen es la realidad general. Detrás de muchos de los casos de éxito del Club de Industriales, suele haber miles de pequeñas decisiones injustamente tomadas en función de un apellido, del dinero o del tráfico de influencias. Esas historias no se reflejan en los estudios antropológicos o de opinión pública que puedas contratar.

Somos un país maquilador, rentista y lleno de oligopolios; la creatividad de este país no está en sus empresarios. Por el contrario, la innovación en México está encadenada a la luz roja del semáforo, da vueltas infinitas en el transporte público y, en el mejor de los casos, se apropia de alguna esquina para ganar algunas monedas. La solución está en tender puentes entre ambas circunstancias. Hay que poner escaleras para que algunos sepan como subir y asegurarse que los que están arriba, no quiten las serpientes que les obligan a bajar.

En mi experiencia, te puedo decir que ser joven en México es de lo más desigual que hay. Más allá de las evidentes disparidades causadas por el nivel de ingreso de tu familia, hay grandes diferencias por nacer en una gran ciudad, o una zona rural; por vivir en el sur del país, o en el norte;  por ser mujer y no ser hombre; por amar a alguien de tu mismo sexo; por tu etnia; por tu color de piel;  por tus hábitos de consumo o, peor aún, por los que te heredaron. Hay millones de mexicanos que, desde que nacen, tienen prohibido soñar. Olvidarlos sería fatal.

Te cuento estas historias porque, a mi parecer, estás tan acostumbrado a las cámaras de televisión, a ser el centro de atención y a la pleitesía, que se te olvida que el objetivo último de la política no es la distribución del poder, sino el posicionamiento de lo humano como máxima del orden social. Empieza contigo: no quiero verte como ese producto con la sonrisa precisa, el ademán estudiado y el peinado impecable; quiero verte como una persona que sufre y que goza, que duda y que se preocupa.

Ya no estás en campaña. Quiero verte humano. Sólo así podré confiar en ti.

No pretendo agobiarte más. Al contrario, quiero dejarte con un mensaje optimista: no estás solo. Somos muchos los ciudadanos que dedicamos nuestro tiempo a buscar respuestas a los mismos problemas que tú. Escúchanos, tómanos en serio. Si trabajamos juntos, estoy seguro que podremos construir un nuevo proyecto de país.

Cuenta conmigo para debatir tus ideas, criticar tus errores y reconocer tus aciertos. Te deseo el mejor de los éxitos porque de eso depende el futuro de este hermoso país. Los seis años siguientes serán los más difíciles de tu vida. Cuando lo necesites, recuerda las palabras de Herman Hesse: “para que pueda surgir lo posible, es preciso intentar una y otra vez lo imposible”. No te rindas, que yo tampoco lo haré.

Humberto Fuentes.

Anuncios

2 pensamientos en “Como si fuéramos amigos…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s