Me dueles, izquierda.

El recuerdo que guardo de las elecciones pasadas es un poco gris. Voté. Siempre he creído esa es mi obligación como ciudadana; pero dentro de mí sabía que el resultado difícilmente podría cambiar. Hoy, a casi 5 meses de la elección, sé que el hecho de que mi candidato no haya resultado ganador no puede ni debe detenerme para ejercer mi ciudadanía plenamente. A veces me cuestiono si algunos sectores de la izquierda entienden esto.

Me pregunto si algunos sectores de la izquierda entienden lo que es ejercer plenamente su ciudadanía cuando veo protestas como la que Morena planea para la toma de posesión de Enrique Peña Nieto. No me malentiendan, me queda claro que toda manifestación de ideas es valida, pero ¿su protesta, por si sola, es realmente efectiva? Yo creo que no.

No le temo a las movilizaciones, he estado en ellas. Sin embargo sí le temo a esa izquierda que se muestra entusiasta cada domingo de zócalo, pero apática cuando se trata de trabajar en propuestas serías. Amo el folklor de las consignas durante las manifestaciones, pero me da terror la falta de apertura y los insultos en los que caen algunos compañeros al debatir con los que no piensan igual a nosotros. Nunca estaré en favor de reformas que atenten contra los derechos fundamentales, pero jamás justificaré la ignorancia con la que algunos de sus detractores suelen atacarlas.

¿Qué nos pasó izquierda? ¿Desde cuando preferimos llamarle “millonario” o “niño rico” a otro como un argumento, antes que dar datos duros y un debate serio? ¿Por qué de repente llamamos traidor a Marcelo Ebrard por hacer propuestas como el “Gabinete Sombra” (figura que existe en otras partes del mundo y ha demostrado ser efectiva), pero  nos parece una mejor idea gritar espurio afuera de la cámara de diputados (ya que nos funcionó tan bien durante los últimos seis años)?

Crecí con la idea de una izquierda que sabía ser contestataria, pero también ser académica. Crecí con la idea de una izquierda que sabía demandar, pero que también sabía tolerar; una izquierda que protestaba, pero que siempre estaba informada. Me cuesta trabajo ahora entender a estas corrientes de la izquierda.

Yo, aún no he decidido si asistiré a la manifestación afuera de la Cámara de Diputados. Sólo una cosa tengo clara: mi protesta no acaba ni el 1 de diciembre, ni después de cualquier marcha en el zócalo a la que decida asistir. Mucho menos acaba después cualquier discusión twittera que pueda o no tener. Yo, como ciudadana, tengo la obligación de llevar mi protesta a propuestas. Tengo la obligación de anteponer el conocimiento a cualquier clase de adoctrinamiento. Ojala todos mis compañeros de causa asumieran la misma obligación. Ojala entendieran que la ciudadanía no termina después del voto ni la protesta acaba con la marcha. Por favor izquierda, no te me acabes.

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